2008-03-13
EDITORIAL
Estamos cumpliendo 152 años de presencia en Colombia, razón por la cual damos gracias al Dios dador de la vida.
Desde el dolor que nos produce la actual situación del país por las constantes situaciones de violencia, en las cuales se pierden vidas se extirpan posibilidades de empleo, salud, educación, desarrollo de los pueblos, la IPC mantiene viva la esperanza y su testimonio de servicio. Mientras que rechazamos en forma categórica toda expresión de violación de los derechos humanos, proclamamos con fuerza la vida, aquella vida plena y abundante que ofrece Jesús el Cristo a sus discípulos en todos los tiempos y lugares. La iglesia está llamada a ser portadora de esperanza, a ser la luz y la sal de la tierra.

Este año tenemos el desafío de la consolidación del área de diaconía, con el fin de dinamizar y optimizar recursos a favor de los menos favorecidos. La invitación a nuestros hermanos y hermanas a unirnos en oración y apoyo material a esta iniciativa. El sínodo está fortaleciendo una oficina nacional que articule los esfuerzos de los presbiterios e impulse nuevas propuestas de servicio. Cada vez son mas grandes los exigencias y desafíos para el pueblo cristiano frente a las expresiones de muerte del presente siglo, por lo tanto se hace necesario testimoniar con la Palabra convertida en acciones de amor para con los que sufren.
Hoy mas que nunca sentimos el llamado profético de gestores de cambio, como en los tiempos de Jeremías. Se deben derrumbar los muros que nos hacen insensibles ante las situaciones que ponen en riego la vida y la dignidad de creación. Escuchar ese llamado significa hoy restablecer la comunicación con Jesús el Cristo para la dignificación de la vida, para la reconstrucción de las relaciones del ser humano, con Dios, con la creación y consigo mismo.
La IPC entiende que cada una de sus áreas de misión se enlazan y cruzan en todas partes; por eso la evangelización, la diaconía, la educación, la mayordomía, las pastorales son expresiones de testimonio que apuntan a un solo objetivo macro; la vida. La vida plena, aquella que Dios ofrece permanentemente y de manera ininterrumpida desde el huerto del Edén y que Jesús El Cristo ratifica al derrotar la muerte.
Los invitamos a participar con sus oraciones y acciones en la construcción de nuevas realidades para un mundo en el que todos podamos participar en dignidad y respeto. Que la fe, la esperanza y el amor sean los elementos que acompañen nuestro diario caminar.
P.D. Diego Higuita Arango
Secretario Ejecutivo IPC